Alegría, tristeza, rabia, desesperanza, miedo, sorpresa, culpa y anticipación son emociones que expresan la dimensión afectiva tan multifacética de nuestras vidas. Las emociones pueden ser un terreno complejo y poco explorado por las personas; muchas gente plantea su confusión ante la posibilidad de tratar de entender sus emcoiones y las de otros, a veces por ello deciden no prestarles mucha atención, pero esta decisión conciente o inconciente les quita la oportunidad de reflexionar sobre su mundo subjetivo y pierden la posibilidad de ejercer control sobre sus emociones.
Como padres tenemos el compromiso de aprender a reflexionar sobre cómo nos sentimos y como se sienten nuestra pareja e hijos. Al explorar nuestros propios sentimientos podremos conocer estos recursos comunicativos que Dios nos ha dado para ser sensibles y conectarnos con nosotros mismos y los demás.
Si en nuestro rol de padres asumimos sólo estar molestos y expresando rabia, nos limitamos radicalmente a mantenernos en el malestar, y le comunicamos a nuestros hijos que es la forma básica de afrontar la vida, además de que provocaremos respuestas naturales de rebeldía, molestia o engaños. Nuestras familias se benefician más cuando experimentamos las diversas emociones oportunamente y bajo la moderación de nuestra capacidad reflexiva.
Las emociones nos dan señales acerca de los problemas que estamos enfrentando, y por ello debemos reflexionar en el mensaje que nos dan y luego decidir acerca de la respuesta más conveniente a escoger para actuar.
Como padres tenemos el compromiso de aprender a reflexionar sobre cómo nos sentimos y como se sienten nuestra pareja e hijos. Al explorar nuestros propios sentimientos podremos conocer estos recursos comunicativos que Dios nos ha dado para ser sensibles y conectarnos con nosotros mismos y los demás.
Si en nuestro rol de padres asumimos sólo estar molestos y expresando rabia, nos limitamos radicalmente a mantenernos en el malestar, y le comunicamos a nuestros hijos que es la forma básica de afrontar la vida, además de que provocaremos respuestas naturales de rebeldía, molestia o engaños. Nuestras familias se benefician más cuando experimentamos las diversas emociones oportunamente y bajo la moderación de nuestra capacidad reflexiva.
Las emociones nos dan señales acerca de los problemas que estamos enfrentando, y por ello debemos reflexionar en el mensaje que nos dan y luego decidir acerca de la respuesta más conveniente a escoger para actuar.

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